A tenor del título muchos pensaréis que este artículo a modo de reflexión o está reflexión a modo de artículo va a ir dedicada a eso mismo, a los dulces pasteles y postres que ponen el broche de oro a nuestras comidas. Pues en cierta medida tenéis razón. Sí vamos a hablar sobre los dulces, si vamos a hablar sobre los postres pero no de forma conjunta y me explicó. ¿Habéis pensado alguna vez desde cuándo se remonta esta tradición de tomar algo dulce para el postre? Podemos pensar que es una práctica milenaria pero nada más lejos de la realidad.

No fue hasta el siglo XVII que se tomó la costumbre de reservar los platos más dulces para poner el broche final a las comidas. La idea actual que tenemos del “postre” se fue fraguando poco a poco, cuando las elaboraciones más azucaradas ocupaban los últimos puestos del menú. Esto no significa que esta especia no se hallara presente en otros platos, ya que hasta este momento, era utilizada como otro condimento más y se podía encontrar en sopas, carnes y pescados.

Así que, pensándolo bien, lo que para nosotros es hoy en día un dogma, hace unos cuantos siglos atrás era algo más bien “inconcebible”, una innovación recibida con escepticismo en aquella época.
Y ahora pensareis, ¿para qué toda esta charla histórica sobre el origen del postre? Pues muy sencillo, es para poneros en contexto. Un pequeño ejercicio para que veáis la cosas desde otra perspectiva, como la estamos viendo nosotros. La verdad es que nos apetece mucho empezar a replantearnos el uso del dulce, liberándolo del yugo al que lo hemos sometido y dejándolo salir a pasear por otros puestos del menú. ¿Por qué no aprender de la historia y desaprender lo aprendido? ¿Por qué no innovar a través de la involución?

Lo cierto es que si en una comida no se estimula el sabor dulce, nuestro cuerpo empieza a demandarlo y por este motivo al final de la comida tenemos ganas de algo dulce para terminar. Pero podemos considerar otra opción; ¿qué pasaría si elaboramos un menú buscando el equilibro entre todos los sabores? ¿Habría esa necesidad de dulce al fina? ¿Y si el postre lleva un toque salado?

Ensalada de lengua

Leche frita con kikos

De esta idea unificadora de sabores hemos seleccionado para nuestro menú platos como el pan de cristal, la ensalada de lengua o el ajoblanco con boquerones y uvas, añadiendo ese toque dulce a los entrantes o la leche frita con kikos que le resta dulzor al postre.

Seguiremos experimentando…
Y vosotros, ¿qué opináis?
Via mugaritzak